¿Hay que obligar a los niños a hacer ciertas cosas?
He estado pensando mucho en, primero, si escribir y luego, si publicar este post. Pero si está aquí, es porque finalmente me he decidido, y porque creo que quizás hay algunos por allí que quieren leer algún post así.
Algunos posts de otros blogs últimamente me han inspirado y animado a escribir algo más extenso sobre mi opinión sobre la educación en casa o la educación en general y sobre la respuesta a esta gran pregunta, aunque normalmente no escribo posts tan largos.
Es que, cuando me pongo a escribir no paro, porque cuesta dar respuestas a preguntas complejas. Las cosas nunca son blancos o negros y para explicarlo bien yo necesito muchas palabras para evitar malentendidos, así que pienso que es mejor no empezar ;).
Pero esta vez he empezado y solamente quiero decir que este post es plenamente MI opinión personal y subjetiva y nada mejor o más verdad que otra. Es lo que funciona en MI casa y con MIS hijos, a otros puede ser que no les funciona así. Simplemente tengo la suerte de vivir en un país donde puedo elegir y opinar libremente. Habrá gente de acuerdo y otros que no, pero así es la vida.
Creo que las mamas o papas que educamos en casa vivimos continuamente con algunas preguntas perpetuas:
¿Tengo que dejarles jugar más?
¿Tengo que hacerles leer más?
¿Tengo que hacerles escribir más?
¿Estarán haciendo bastante trabajo?
¿Estarán haciendo demasiado trabajo?
¿Lo estaré haciendo bien?
Seguramente preguntas sin respuesta nunca, ni siquiera con el tiempo. Además preguntas con respuestas diferentes para cada uno. Y preguntas que, como mucho, cambiarán a tiempo verbal pasado:
¿Debería haberles dejado jugar más? ¿Debería haberles obligado a trabajar más?
Una de las grandes desventajas de educar en casa, diría yo, es que: No tienes a nadie para echarle la culpa cuando las cosas van mal. Si algo no funciona o va mal, solamente te queda la pregunta ¿Dónde me estoy equivocando?????
Con lo fácil que sería poder decir: ¡es que la profe le tiene manía a mi niño y no sabe tratarlo!
¿Y si soy YO, que no sé tratar a mi hijo????? Uf, qué dura esta responsabilidad. Pero nos toca llevarla.
Cuando miramos los blogs de otras familias, nos lo pintan todo tan bonito. Cuando leemos las teorías en los libros sobre educación, nos lo ponen todo tan bonito, y realmente nos lo creemos y trabajamos hacía aquella utopía, porque sabemos, creemos, que en algún sitio tiene que estar. Pero por otro lado tenemos nuestra realidad que muchas veces no coincide ni con los blogs ni con los libros. Una realidad imperfecta y con dificultades.
Nadie publicará un libro diciendo: total mamá, hagas lo que hagas, el resultado siempre será regular y mejorable, haz lo que puedas, que desde los siglos de los siglos, es lo que las mamás han hecho y la vecina siempre sabrá mejor.
Claro que no, sino que te explicarán estas maravillosas técnicas, que más de una vez te harán sentir culpables porque justamente no consigues aplicarlas más de dos días seguidas. Y claro, por esto tu hijo no es tan prefecto como el del libro y a tu hijo se le ocurre protestar, tu hijo no está interesado, ni tiene ganas de hacer aquello que crees que debería de hacer. Así que seguro que es culpa tuya.
Yo en mi blog no voy a publicar el berrinche que montó mi hijo al mediodía, sino que publicaré el juego tan precioso que montó antes o después, publicaré la actividad tan chula que hicieron juntos, porque estos también son los momentos que queremos recordar. Y así de la misma manera otras mamás tampoco publicarán los berrinches ni los llantos. Los malos momentos quedan en casa. Hay que pensar en positivo, porque es la mitad del camino hecho.
Resultado:
momentos de una vida, minutos de un día, los minutos y momentos más bonitos de un día de 24 horas. Visitamos los blogs y pensamos: waauw, el lunes este juego tan bonito, waauw, el martes leyendo tan interesados, waauw el miércoles las cajas tan ordenadas, el jueves presumiendo de niño creativo, el viernes matemáticas tan originales y encima el fin de semana con la excursión tan chula. ¿Y todo esto lo hacen por iniciativa propia y sin protestar?
Esta mamá debe de ser superwomen y los niños superdotados y yo ahora mismo aquí con el niño enfadado detrás de mi que no tiene ni chispa de ganas de hacer nada. ¡Socorro!¿¿¿Qué hago mal???
Nada …. , realmente, creo que no hago nada mal.
Los blogs no mienten, ni los libros, simplemente no dicen toda la verdad. Explican una parte de la verdad que es muy verdad, pero que no es completa, mientras que yo tengo el paquete completo todos los días. La vida no es un blog ni un libro. La vida es vida, 24 horas al día. Y la vida nunca ha sido perfecta. Solo los blogs y los libros son perfectos.
No, no hago nada mal. No hago nada más mal que ser la mamá más normal de mundo con unos niños de los mas normales del mundo. Pero a veces es difícil aceptar que uno no es nada más que normal. ¿No estábamos haciendo la educación en casa para justamente "ser diferente"?
Una mamá imperfecta, una mamá con días malos, con días fatales, con momentos horribles.
Unos niños imperfectos con problemas de aprendizaje en ciertas áreas, con días malos, con días fatales y con momentos horribles.
Pero también con estos momentos maravillosos, geniales, brillantes y fascinantes. Y claro, estos son los que pongo en el blog. Estos son los que todos ponemos en el blog.
¿Entonces qué hacer cuando hay estos momentos malos?
Pues nada, simplemente esperar hasta que pasen, y prepararnos para el siguiente momento malo, que vendrá bastante pronto.
Y ahora viene lo políticamente incorrecto:
¿Puedo evitar estos momentos malos?
No. Yo creo que no. Ni siquiera creo que sea bueno evitarlos.
No puedo dejar a mi hijo todo el día hacer lo que le de la gana, no puedo dejarle pensar que la vida es todo juego y alegría y solamente hacer lo que a uno le interesa. Yo sinceramente creo que le haría un flaco favor si le dejara vivir en un mundo de sueños. La realidad es realidad y los sueños son esto: sueños. La vida es bonita si sabemos valorar la realidad tal como es, imperfecta, y no si creamos un mundo de flores imposible de conseguir.
La felicidad y el éxito en la vida no están en hacer lo que me de la gana, sino en encontrar ganas para hacer lo que tengo que hacer.
La felicidad y el éxito están en encontrar el placer en aquello que es mi obligación, la felicidad y el éxito están en sacar lo mejor que tengo dentro de mi y esto no siempre es fácil.
Además si miro grandes personalidades o personas felices, realmente no veo que me dicen: hice siempre lo que me interesaba y además lo hice en los momentos que me apetecía.
Al contrario, normalmente dicen: encontré felicidad en mi trabajo, encontré paz ayudando a los demás, pensando en los demás y dejando de pensar en mi, nunca abandoné y siempre seguí adelante, el camino fue difícil pero valió la pena......
Así que ¿Hay que obligar a los niños a hacer ciertas cosas?
Yo creo que sí.
Tengo un pre-adolescente en casa que ahora mismo como frase favorita tiene: “Sí, anda…” y os puedo asegurar que si no le obligo a recoger la mesa, a hacer su cama, a hacer las mates, a estudiar ortografía, etc.... todas estas cosas no los haría. Y no es solamente ahora porque es adolescente, también antes le he obligado a hacer cosas que no quería hacer. Son cosas que creo claves para su futuro como adulto maduro y responsable, pero feliz (si es que esto se pueda conseguir).
El saber sobreponerse a una frustración, el saber ponerse a un trabajo duro e indeseado, el saber pensar en los demás y hacer aquello que no me apetece en absoluto, forma parte de ser un adulto maduro y responsable. Y creo que esto hay que aprenderlo.
Conozco adultos poco amigos de pensar en los demás, que hacen lo que les de la gana a la hora que les de la gana y realmente, es difícil contar con ellos y no me gustaría convivir con ellos.
¿Cuál es entonces la diferencia con mandarlos al colegio y hacerles pasar por todos los libros y tareas indeseados que tienen que hacer tantos niños?¿Cual es la diferencia en ponerme como sargenta y decirles: ahora vas a hacer esto porque lo digo yo?
La diferencia está en hacerles ver que se puede realmente elegir a hacer algo que no te apetece porque sabes que es necesario. La diferencia está en esta libertad. Y también en que hay mucho tiempo para otras actividades que sí tienen su pleno interés. A veces, como ellos saben que les queda mucho tiempo para "lo divertido e interesante", también les cuesta menos elegir o poner-se a aquello "nada agradable".
Creo que la educación en casa da tiempo y margen para enseñarles ésta libertad, aprender a elegir de vez en cuando aquello que no me apetece porque es mi obligación y tengo oportunidades de sobras para otras cosas. La diferencia es tan sutil y tan grande a la vez e incluso no sé si es utópico. Pero al menos, creo que vale la pena intentar conseguir-lo.
El educar en casa para mi no es hacer solamente lo que quiere hacer el niño, el no obligar-le nunca a nada, el no dejarle nunca pasar por algo que no quiere hacer en absoluto. Sino que el educar en casa para mi significa encontrar el equilibrio entre las obligaciones y los intereses, entre el trabajo y el juego, entre sus debilidades que necesitan refuerzo y sus fuerzas que deben aflorar al máximo.
En inglés existe un refrán que dice:
“All work and no play makes Jack a dull boy,
All play and no work makes Jack a mere toy.”
“Todo trabajo y nada de juego hace de Juan un niño apagado.
Todo juego y nada de trabajo hace de Juan un simple juguete.”
Equilibrio entre juego y trabajo, y libertad para elegir también aquello que no me apetece.
No es fácil de conseguir. Pero es una meta que creo que vale la pena.
Esta claro que existe una graduación en este trabajo según la edad.
No es lo mismo un niño de 5 años, a uno de 10 años o uno de 15. Gradualmente el trabajo y las obligaciones se incrementarán en tiempo y dificultad, sin nunca ocupar, ni todo, ni la mayoría, del tiempo y sin nunca sobrepasar sus posibilidades en dificultad. Es inhumano pedirle a un niño algo para el que no esté preparado. Pero es igual de injusto creo, el no pedirle aquello para lo que esté perfectamente capaz y no ayudarle en sacar lo mejor de si. A veces cuesta ver si está preparado o a veces cuesta esperar hasta que esté preparado, pero cuando lo está hay que exigir-se-lo, o dar aquel empujoncito para que él mismo ve que sí puede hacerlo.
Así que para mi, se trata de hacerle ver al niño que tiene una obligación también. Pero no, porque lo digo yo, sino porque forma parte de vivir la vida plenamente. Y él puede incluso elegir hacerlo. Porque si solamente lo hace “porque lo digo yo”, entonces el día que yo deje de decir-se-lo, ya no lo hará, y no se trata de esto.
Ha nacido con ciertas habilidades y posibilidades, y éstas, las tiene que utilizar. No utilizarlos, sería injusto frente a otros que no han tenido estas habilidades. Ha nacido con la capacidad de esforzarse y ésta es su obligación. El resultado realmente no importa (cosa que sí importa muchas veces en el colegio) pero el esfuerzo, sí que importa. Y la experiencia nos demuestra que con esfuerzo, la mayoría de las veces el resultado es aceptable, perfecto e incluso puede llegar a ser brillante. Incluso muchas veces, después de haberles obligado a hacer algo, ellos mismos han descubierto otras áreas aún desconocidos para ellos y para los que sí han demostrado interés nato y han descubierto que con este nuevo conocimiento o habilidad pueden descubrir nuevas cosas que sí les interesan.
Creo que cuando el niño llega a comprender esto: que con esfuerzo y ganas, incluso las tareas pesadas, horribles y odiadas, pueden llegar a un fin sorprendente y agradable, del cual incluso puede llegar a ser orgulloso y que pueda descubrir nuevas cosas, entonces tenemos a una persona preparada para enfrentar al mundo en el que le tocará vivir. Un mundo que no le dejará siempre hacer lo que le interesa ni lo que quiere. Sino un mundo que le exigirá ingenio y esfuerzo, juego y trabajo.
Para llegar a este fin (si es que se llega jeje) hay que pasar por experiencias desagradables. Ya lo sé, mucha gente no estará de acuerdo conmigo en esto, pero mucha gente también piensa que debería de enviar mis hijos al colegio, mucha gente también piensa que debería de castigar más a mis hijos, otros pensarán que debería de castigar menos a mis hijos. Unos piensan que les estoy mimando y otros piensan que soy demasiado estricta. Cuando hago exactamente lo mismo. Uno nunca puede estar de acuerdo con todas las corrientes educativas que hay en este mundo. Hay que elegir, y suerte tenemos que podemos elegir.
Mi opinión es simplemente que hay muchas teorías bonitas, demasiado bonitas, que en mi realidad no encajan. La vida es bonita y maravillosa, pero solamente cuando sepamos aceptar nuestras limitaciones y cuando sepamos aceptar las dificultades que nos presenta, como retos para mejorar y cuando estamos dispuestos a esforzarnos para mejorar. Si evitamos toda dificultad y conflicto creo que perdemos mucho de su belleza, y será un esconderse y huir perpétuo. Superar una dificultad y conseguir acuerdos en un conflicto dan una paz que vale la pena conseguir. Siempre evitar dificultades y buscar lo fácil agota y no da nunca satisfacción.
Por esto, yo sí que les obligo a mis hijos cada día a hacer algo que probablemente no hubieran elegido libremente. El tiempo de estas actividades nunca supera las 2 horas y muchas veces no llega ni a una hora. (Mi hijo mayor ya está en secundaria, para situar-nos) Algunos días protestan más y otros menos, algunos días incluso no protestan nada, porque saben que les toca hacerlo y no hay discusión. Incluso algunas veces cuando con una protesta considerable les digo: "vale, pues no lo hagas". Entonces vienen: "sí, sí mama, lo haré igualmente, ahora lo hago". Porque realmente saben que es para su bien, y tienen una obligación también. Pero si yo fuera niño otra vez, seguramente también intentaría a ver si me puedo escaquear de según qué tarea. Son niños, pero no son tontos ;)
Gracias por el esfuerzo de leer todo esto y espero que ha sido uno de estos esfuerzos que finalmente han valido la pena y sino, espero que encontréis la fuerza para superar la frustración!